Elecciones internas

Por Edmundo Orellana
El Consejo Central Ejecutivo del Partido Liberal no fue electo como disponen los respectivo estatutos y el liberalismo no se siente representado por el mismo.
Los estatutos mandan que la elección de las autoridades internas del Partido Liberal sea mediante voto directo y secreto, por simple mayoría y sobre la base del principio de proporcionalidad. La elección se hará en papeletas separadas para cada cargo (Consejo Central Ejecutivo; Delegados a la Convención; miembros de los Consejos Departamentales; y miembros de los Consejos Municipales).
Cada movimiento, según ordenan los Estatutos, establecerá el orden de precedencia de sus candidatos propietarios y suplentes, asignándoles a cada candidato un número correlativo.
Nada de lo que ordenan los estatutos se cumplió en las últimas elecciones internas. Los liberales votamos por los precandidatos a cargos de elección popular y los jefes de movimiento escogieron, de acuerdo con los votos obtenidos, las personas que ocuparían los cargos del Partido.
Es más, el candidato del Partido Liberal, desconociendo la voluntad del liberalismo, decidió entregarle la Presidencia del Central Ejecutivo a uno de los que resultó derrotado en esas elecciones primarias, lo que provocó un profundo malestar entre los liberales.
Quienes dicen ser las autoridades del Partido Liberal no tienen título legítimo para ostentar esos cargos, porque no fueron electas como mandan los estatutos de nuestro instituto político. El Tribunal Supremo Electoral, desconociendo su propia ley constitutiva, los reconoció como las nuevas autoridades del Partido.
A nadie le extrañó porque esa ha sido la práctica. Pero no se justifica en un partido que se ha distinguido históricamente como el más democrático y que más democracia ha promovido e instituido cuando ha sido gobierno.
Un elemento más se agrega a la situación irregular de los órganos del Partido Liberal. El liberalismo no los reconoce como su autoridad legítima.
El Golpe de Estado contra el Gobierno Liberal se ejecutó con la participación de la Presidencia del Central Ejecutivo. Todas las demás supuestas autoridades del partido guardaron silencio sobre los hechos del 28 de junio y cuando se pronunciaron afirmaron, contra lo que piensa la mayoría del liberalismo, que fue una sustitución constitucional. Con su actitud aseguraron el fracaso más grande que un candidato liberal haya sufrido y provocaron la división del partido, ocasionando un intento de fuga masiva de sus miembros en búsqueda de otras opciones. Por otro lado, no han hecho oposición alguna al gobierno nacionalista, a pesar de que existen razones más que suficientes para hacer señalamientos y propuestas.
No hay confianza en las supuestas autoridades del Partido Liberal. En estas circunstancias, carecen de títulos aceptables para conducir el partido a la unidad y para dirigir los próximos retos electorales.
Solo con un nuevo Central Ejecutivo se garantiza la unidad del Partido Liberal, atendiendo la nueva realidad que vive éste y el país, la posibilidad de renovar su plataforma doctrinaria y prepararse adecuadamente para los próximos retos electorales. Con el actual está asegurado el triunfo del Partido Nacional por muchos períodos presidenciales


