Trabajo

Por Edmundo Orellana
No hay trabajo porque no hay inversiones nuevas ni aumento de las existentes. Por el contrario, estas últimas han disminuido.
La principal causa de la inexistencia de fuentes de trabajo es la crisis que se originó el 28 de junio del año próximo pasado.
Todos perdimos. Los asalariados sus ingresos. Los micro y pequeños empresarios, en su gran mayoría, perdieron su patrimonio y su tranquilidad familiar. Los grandes inversionistas no perdieron sus patrimonios, es cierto, pero sí ganancias, y no pocas.
Capital y trabajo son dos de los tres factores de producción. El capital provee los bienes, los recursos, los valores que se necesitan para producir. El trabajo suministra la energía y el conocimiento que se traducen en fuerza física y en procesos, estrategias, técnica y tecnología.
Hay trabajo donde hay inversión. No importa su dimensión. Pequeña o grande, siempre genera trabajo. El trabajo puede proveerlo el mismo que dispone de su capital para llevar a cabo lo que se propone, como el micro o pequeño empresario, personalmente o con su familia. Pero cuando se trata de grandes proyectos, se requiere el capitalista que proporciona únicamente los recursos y espera disfrutar de sus ganancias.
En la sociedad de hoy sin inversión no hay trabajo masivo ni sostenido.
Las políticas de Estado, entonces, deben concentrarse en todos los factores de producción. Apostar a que la economía se va a mejorar o a que los ingresos se garantizarán, creando jornadas de trabajo parciales es un error. Pan para hoy y hambre para mañana, decían los abuelos. Con el agravante de que el mañana está tan próximo como dentro de tres años. ¿Y después?
Con esta medida se agitará más el ambiente innecesariamente y no se estimulará la inversión ni se aumentará la producción. Tampoco favorecerá al trabajador, porque tendrá que aceptar trabajos de media jornada y recibir un salario abajo del mínimo. No es cierto tampoco que esté garantizado el trabajo en una media jornada más, porque son muchos los desempleados y pocos los empleos. Además, nada nos asegura que los patronos no se aprovecharán de esta ley para afectar a quienes ya tienen su trabajo.
Con tal medida se evidencia que no existe una estrategia para atender la producción. La improvisación es la regla que se impuso en la gestión gubernamental desde que se derogó la Ley de Planificación. Sin embargo, ahora que se asegura que se tiene un plan de desarrollo, es cuando más improvisación hemos percibido.
Las decisiones que se requieren- y urgentemente- deben apuntar directamente a crear más fuentes de trabajo vía la inversión. Sin embargo, en tanto el gobierno no tenga una visión integral de la situación de los factores de producción para enfrentar los problemas que los afectan, estimular las circunstancias que los potencian y generar un clima de confianza para la inversión, las medidas que adopte no serán más que remiendos, algunas, y otras, verdaderas bombas de tiempo.


