El alcalde y el Apartheid o, ¡apartate hey!

Roberto Quesada
“Lo más importante para la democracia es que no existan grandes fortunas en manos de pocos”. --Alexis Tocqueville, pensador, político e historiador francés.
(Hoy dedico este artículo a los envíos que recibo vía correo electrónico, así que son cuatro notitas sobre temas varios. Gracias por escribirme).
El alcalde de Tegucigalpa, Ricardo Alvarez, quien ya antes había calificado la ley antiinmigrante de Arizona como “neonazi” y también como “un atentado criminal contra la humanidad”, ahora ha rechazado las intenciones de Florida de arremeterla contra los inmigrantes endureciendo las leyes.
Dice Ricardo: “Seguir con estas prácticas antiinmigrantes es retornar a la tristemente recordada época del apartheid”.
Hasta aquí estamos totalmente de acuerdo. Apartheid significa “separación”, es el resultado de lo que fue, en el siglo XX, un fenómeno de segregación racial en Sudáfrica implantado por colonizadores ingleses, como símbolo de una ‘sucesión’ de discriminación política, económica, social y racial. Y gracias al gran líder mundial, Nelson Mandela, el Apartheid pasó a mejor vida.
Está bien que el alcalde condene estas prácticas antihumanas que están desatándose en los Estados Unidos, pero también sería bueno que al ver la paja en el ojo ajeno, nos acercáramos al espejo y viéramos la viga que tenemos en el propio. Y sí vivimos en Honduras un Apartheid criollo: Si no piensas como yo (Apartheid); si no apruebas lo que diga yo (Apartheid); si te opusiste al golpe de Estado (Apartheid de tu trabajo); si no apoyaste el gobierno de facto (Apartheid de la comida de tus hijos); si crees en la libertad de expresión (Apartheid); si me criticas (Apartheid): si no me adulas (Apartheid)… Y tantas cosas más que nos “separan” (Apartheid) a los hondureños/as, sólo que en Honduras, quienes ostentan el poder, en vez de apartheid gritan “¡apartate hey!”. Evidente alerta que en caso contrario le pasa la trituradora…
El mandadero de Goliat
Mi primo, Héctor David Quesada, real demócrata y enemigo de la violencia proceda de dónde proceda, me ha enviado una invitación. Es a la presentación de un libro titulado: Honduras David de América.
Supongo que mi primo me invita más que todo para que escriba sobre este tema, pues no creo que el libro esté basado en él (por aquello que lleva “David”, su nombre, en portada) sino para que aclare eso de si Honduras puede ser el David de América.
Entendemos por América (Estados Unidos), y así se entiende y se dice en Europa, negar esto es autoengañarse. A lo demás del continente se le conoce como Latinoamérica y el Caribe. Por conclusión lógica: queda como Goliat Sudamérica.
En realidad es un mal título, pues da lugar a que la intención del mismo se descubra sin siquiera abrirlo. Sus coautores llegan como en aquellos tiempos de la conquista española: Biblia en una mano y la amenaza apocalíptica en la otra, que puede ser látigo o fusil.
La idea es pues, hacerle creer al hondureño/a, cual ignorante que se cree todo lo que le importen (y ellos, los hondureños, es en realidad lo que menos importa) que ese descalabro político conocido mundialmente como golpe de Estado, convierte a Honduras en un país de héroes y heroínas.
Las potencias como los Estados Unidos, Rusia, China… No necesitan que los pequeños países se conviertan en mártires “davidcitos”, y, que de paso, vengan otros a hacernos creer que todo el caos económico, político, social y humano en que nos encontramos se justifica por la “defensa” que se ha hecho de la democracia y que vale la pena el vía crucis por el que pasa Honduras y que amenaza con recrudecerse. No, las potencias lo que hacen es utilizar a los países más pequeños, más indefensos, y hasta les pueden meter el cuento de que son héroes y heroínas y que sin ellos el mundo dejaría de girar… Allá quien se crea el cuento, ¿verdad, primo?
Ricardo Maduro y nuestra inmadura democracia
Hace unos días premiaron al ex presidente Ricardo Maduro, creo que por su éxito empresarial, allí aprovechó para definir a “la democracia como el mejor sistema de convivencia social en libertad”.
También estoy de acuerdo con este concepto, eso sí, siempre que se entienda como democracia a esa doctrina política que permite igualdad de oportunidades, o mejor definida por el diccionario así: “Democracia es una forma de organización de grupos de personas, cuya característica predominante es que la titularidad del poder reside en la totalidad de sus miembros, haciendo que la toma de decisiones responda a la voluntad colectiva de los miembros del grupo. En sentido estricto la democracia es una forma de gobierno, de organización del Estado, en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que le confieren legitimidad a los representantes. En sentido amplio, democracia es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales”.
Existen tantos ejemplos de nuestra inmadura democracia hondureña, como la de que los pobres viven a oscuras y pagan la luz, mientras los ricos la consumen y engavetan las facturas para con el paso del tiempo exigir una condonación. Eso sí, como dicen los poderosos, existe libertad de expresión… claro, mientras no me contradigas.
Toñito
Como el jueves pasado no quise escribir, decidí despejar mi mente de tanto trajín político, entonces publiqué en mi columna un cuento ya tiempos escrito: Toñito (si no lo leyó, encuéntrelo en www.tiempo.hn ). Son tantas y tantos los lectores/as que me han escrito para felicitarme por tan tremenda picardía que le hace Toñito a unos cuantos, que les agradezco por este medio mientras lo hago individualmente.
Entre las cartas existe esta que ha llamado mucho mi atención, sobre todo por la pregunta que me hace: “Muy buenas tardes don Roberto, créame que su columna de hoy, fue como una brisa fresca sobre tantos problemas que leemos a diario. Su cuento Toñito me divirtió de tal manera, que me hizo rememorar tantas taimadeces infantiles y juveniles que de alguna u otra manera tienen cierto grado de similitud, usted bien podría poner al final de su cuento la tan usada observación: "Los personajes y eventos de esta novela son ficticios, cualquier semejanza con la realidad, es mera coincidencia".
“…conversábamos con una amiga en común, sobre usted y lo admirable de su trabajo: Objetivo, incorruptible, franco y sagaz en sus letras, siempre con el dedo en el renglón pero respetuoso.
Lo que me lleva a preguntarle: ¿Podremos cambiar en algo nuestra Honduras gastando chorros de tinta sobre la piel cocodrileada de nuestras autoridades y gobernantes?”
Respuesta: Apreciado amigo lector (omito su nombre por su propia seguridad, ya que las cosas en Honduras continúan crispadas), en realidad es una pregunta difícil, aunque creo, modestamente, que la escritura es sólo un pequeño aporte a los cambios democráticos que pudieren darse en nuestro país… quizá la pregunta habría que hacerla a las autoridades, a los empresarios, a los religiosos, a los políticos, y más o menos sería de si ellos se nutren a diario de conocimiento, de arte, leen, van al teatro, conversan con el Ser Supremo, si piden iluminación, y sobre todo, si su mente, corazón y piel aún son capaces de ser penetrados por la espiritualidad y la razón.
Si responden que sí: hay esperanza.
Nueva York NY 15 agosto 2010.
Nota: No me envíen tantas papadas que después me meten en líos…


