Tolupanes más miserables que nunca

Tegucigalpa. Aunque Honduras es signataria de tratados internacionales que reconocen la dignidad intrínseca y la incomparable contribución de los pueblos indigenas al desarrollo y al pluralismo de la sociedad; la realidad parece ser otra distante a lo propuesto en dichos convenios.
A menos de dos horas de Tegucigalpa, la capital de Honduras, vive la etnia Tolupán, indígenas que deberían disfrutar de beneficios económicos, sociales y culturales, integrados en el desarrollo sostenible, tal y como lo establece la Resolución aprobada por la Asamblea General de la ONU.
Sin embargo los diversos gobiernos, representados por los dos partidos políticos mayoritarios, Liberal y Nacional, han reducido sus esfuerzos a llevar medidas asistencialistas, después de darse a conocer los estados de calamidad en que viven miles de indígenas que integran ocho grupos étnicos en el país.
Hambruna, insalubridad y desalojos de sus tierras
La precariedad en la que viven los tolupanes se refleja en el rostro, la forma de hablar y hasta en el poco conocimiento que sobre él mismo tiene Tomás Martínez, el cacique de la tribu, El Hoyo, de la montaña de La Flor.
Tomás no sabe cuántos años tiene, tampoco habla bien el español, no tiene idea de por qué los han tenido entre tanta miseria, pero de lo que sí puede dar fe es que en su comunidad solo cuenta con maíz y patastes para comer.
¨Yo tengo gripe, no hay medicinas en mi gente, no hay comida, tamos pobres, no hay comida, hay miseria¨ comenta Tomás.
Su comunidad, de unos 50 tolupanes, ya no está unida, todos están disgregados por diferentes zonas, según relata, pues los madereros le metieron fuego a sus casas.
¨Ellos querían madera de color, todo fue por esa madera¨ agrega, Tomás un hombre de pocas palabras, de ojos vivacez, pero con un evidente estado de desnutrición en su cuerpo.
Los gobiernos los han engañado, solo los utilizan para pedir dinero en nombre de ellos, nunca llegan los proyectos hasta sus comunidades, y cuando lo empezaban a hacer se produjo el golpe de estado, que interrumpió las obras que había iniciado José Manuel Zelaya, dice Santos González, presidente de la Asociaón de Tribus Xicaque de Yoro y Francisco Morazán.
En una de las comunidades, para el caso, cita que se construía un hospital, sin embargo la obra quedó terminada y en abandono, después del 28 de junio de 2009.
Para Santos González, la precariedad y la indiferencia cada vez es más fuerte, la gente muere de hambre, desnutrición y por falta de atención médica, y esto sin que las autoridades hagan algo por rescatar a los pueblos indígenas que están distribuidos en las zonas de reserva forestal y natural de Honduras.


