Atropello

Enviado por Redacción EP el 1 March 2010 - 1:36pm.

 

Por Edmundo Orellana

La Municipalidad del Distrito Central ha decidido aumentar desproporcionadamente las tarifas de los servicios y del impuesto sobre bienes inmuebles, sin considerar la crisis económica y social en que está sumido el país.

No les importa a los munícipes que, desde el 28 de junio del 2009 al 27 de enero de este año, más de doscientos mil hondureños perdieron sus empleos, tanto en el sector público como en el sector privado, y con el nuevo gobierno, en aplicación del inmoral principio de que la Administración Pública es un botín político del partido que gana las elecciones, otros miles han sido y serán despedidos de los cargos públicos por el simple hecho de ser liberales o nacionalistas que trabajaron durante el gobierno liberal.

Tampoco le importa a la Corporación Municipal que durante ese interregno miles de micro y pequeñas empresas se vieron obligadas a cerrar operaciones por la inestabilidad política, obligando a miles de familias a enfrentar obligaciones financieras y comerciales de imposible cumplimiento.

Menos importa a los ediles que las medianas y grandes empresas tuvieron que reducir su capacidad de producción de bienes o de prestación de servicios, porque la crisis alteró severamente el comportamiento de los mercados, reportándose, en todas ellas, pérdidas irreparables.
Le es indiferente al Alcalde que los vecinos de este municipio enfrenten el violento aumento de los precios de los productos de la canasta básica, debido a la crisis que generaron los políticos.

Tampoco lo conmueve que la producción agrícola haya sido tan deficiente a causa de nuestra dependencia de las lluvias, lo que revela nuestra displicencia por encontrar otras formar de irrigar los cultivos.

No lo perturba la angustia y la desesperación de los vecinos del Distrito Central, que, por mandato constitucional, está llamado a proteger y a promover su bienestar económico, social y psíquico.

Alega el Señor Alcalde que por vivir en la Capital de la República hay que pagar más. Está equivocado el Señor Alcalde. De todas esas obligaciones sólo el impuesto personal se paga por tener domilicio aquí. Los demás, con excepción del de bienes inmuebles, se pagan por servicios que debe prestar la municipalidad.

Por esos argumentos tan vacíos se le acusa de que su único interés es resolver los problemas de la Municipalidad, no los problemas del municipio. Fácil es confirmarlo por el deplorable estado de las calles, por la ausencia de la presencia municipal en los barrios y colonias, por la situación lamentable de los mercados municipales y, en fin, de todos los servicios municipales.

Su preocupación real, dicen sus críticos, es financiar la insaciable voracidad de la gigantesca burocracia cuyo crecimiento desmesurado ha impulsado desde su primera toma de posesión. Lo acusan de hacerlo en su afán de alcanzar sus metas políticas personales y advierten que amenaza con salirse de control, porque está preparándose para una campaña más importante, financiando para ello “call center” desde donde se amenaza a quien esté en contra de sus atropellos, vía mensajitos y correos electrónicos.

Con abusivos paquetazos fiscales agradece el Alcalde su reelección. Quien hasta ayer solo veía amenazado su trabajo o sus ingresos, hoy siente que el peligro se cierne sobre su casa, sobre su hogar, sobre su familia.

Ojalá que el Señor Alcalde repare en el grave daño que, en su patrimonio, está causando a los vecinos de este municipio; también al país, a cuya inestabilidad contribuye al aumentar sus niveles de angustia y desesperación.

Catedrático universitario