Miriam Sevilla Rojas: maestra, poeta, dramaturga y teatrista

Enviado por Anónimo el 20 June 2009 - 8:13pm.

Su trabajo artístico ha servido de material didáctico en diferentes escuelas del país.

Por: Edgar Valeriano

Danlí. Imponiéndose a los innumerables obstáculos que afrontan las personas que se dedican a promover y fortalecer el arte y la cultura Miriam Sevilla Rojas es un ejemplo de esfuerzo y dedicación por su invaluable labor artística. Ha publicado tres libros, “Cuentos y lecturas dialogadas”, “Teatro y poesía en celebraciones cívicas escolares” y “El libro “Niños y niñas de la calle”.
En esta oportunidad compartiremos los poemas infantiles “El burrito de mi pueblo”, “El dientecito” y “La ratita picarona”, dedicados a los reyes de todos lo hogares: los niños y las niñas.

El BURRITO DE MI PUEBLO
El burrito de mi pueblo
Es muy trabajador,
usa un sombrero negro
con un viejo prendedor.

Baja cargado de leña
desde un cerro lejano,
le gusta rebuznar
Muy temprano.

Trae agua de la quebrada
o leche recién ordeñada,
come tortilla tostada
con media libra de cuajada.

Cuando visita su novia
una burra pelirroja,
siempre le lleva una rosa
y bailan el vals de las mariposas.

Le regala chocolates
y extracto de azafrán,
cumbos, huácales y apastes
Y un delicioso pan.

El burrito de mi pueblo
es muy aseado,
limpia sus casquitos con mucho cuidado.

EL DIENTECITO
Un dientecito blanco
de brillante marfil,
comía chocolates
siempre que iba a dormir.

Contenta doña caries
al diente visitó,
ahí se quedó viviendo
hasta que lo estropeó.

El dientecito blanco
no podía comer,
siempre que algo mordía
la cabeza le dolía.

Lo atendió un odontólogo
y después de una revisión,
le quitaron la caries
con mucha precaución.

El dientecito blanco
pasta y cepillo compró,
después de cada comida
siempre sus dientes lavó.

LA RATITA PICARONA
Una rata picarona
muy gordita y orejona,
salió de su agujero
se empinó un bote de suero.

Fue a robarse un queso rancio
mezclado con chile y culantro,
también unos macarrones
revueltos con camarones.

La ratita emocionada
se tiró una carcajada,
pero la llevaron presa
para ella fue sorpresa.

Se buscó un buen abogado
para salir de prisión,
le pagó con pan tostado
y un pedazo de jamón.

La ratita picarona
no volvió a tocar lo ajeno,
pronto comprendió
que hurtar no era bueno.