Reformas deformadas
Las esperanzas del pueblo hondureño surgidas a raíz de los compromisos de reformas político-electorales suscritos por todos los partidos políticosen septiembre de 2001 fueron enteradas en leos años subsiguientes.
En lugar de tecnificarse y profesionalizarse, los organismos electorales y de identificación ciudadana se han vuelto cada vez menos confiables. Prácticamente todas las reformas electorales e institucionales realizadas en los últimos años han sido deformadas para convertir a gran parte de los organismos contralores, judiciales y fiscalizadores del Estado en un botín permanente.
Por eso Honduras aparece reiteradamente clasificada como un país donde no se combate la corrupción y donde no hay seguridad jurídica. En esas circunstancias es lógico que e tenga menos credibilidad en los políticos, lo que explica los altos porcentajes de abstencionismo electoral.
Se continúa violando la Constitución "cuantas veces es necesario" a los intereses de determinados grupo o personas. En cada "reforma" constitucional existe el riesgo de violentar los principios que dieron sustento al retorno a la democracia formal. Si esto pasa con la Carta Magna ¿qué no puede ocurrir con las demás leyes secundarias o específicas?.
En Honduras abundan las leyes, pero escasea su cumplimiento. Existen más de cinco mil leyes vigentes, sin duda, somos un Estado de Derecho, pero con actuaciones torcidas por los organismos judiciales. Los grupos o personas que controlan los hilos del poder en el Congreso Nacional ofenden la inteligencia de la ciudadanía al pretender presentar como reformas, cambios que evidentemente significan retrocesos en el manejo de los proceso electorales y el funcionamiento de los partidos.
Sin duda, detrás de esos cambios en la Ley Electoral y otras leyes relacionadas se ocultan arreglos para distribuirse, desde ya, el botín de los nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia, el Tribunal Superior de Cuentas y el Ministerio Público, que fungirán para el período 2009-2014 o hasta el 2016, según el caso, no cabe duda que la mayoría de parlamentarios le "entienden al trámite" y aunque nunca han leído a Montesquieu, han sido "autodidactas" y aplican brillantemente las tácticas de Maquiavelo o de Fouché, al trastocar la Constitución y demás leyes, cuando se trata de amarrar el poder para los próximos años.
Pero no todo está perdido, el hecho de que se siga utilizando recursos públicos para impulsar candidaturas -muchas de ellas ilegales- nos debe motivar a dar por agotado el nivel de paciencia e indiferencia que ha venido caracterizando al pueblo hondureño y que bien puede explicar el rezago ante otras naciones con poblaciones más decididas.
Como hondureños y hondureñas no deberíamos dejar pasar mucho tiempo para oponernos -dentro del civismo y la legalidad- a las manipulaciones y reiniciar reformas electorales e institucionales. Un buen indicio de esta resistencia cívica, es que la sociedad no puede ser engañada con el cuento de que al adelantarse las elecciones internas o primarias se "reduce" el período de campaña, cuando en realidad es todo lo contrario.
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